Ya va, ya va el post… que ya me estaban empezando a pitar los oídos por las críticas de “alguno” -jeje-

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Pues bien, César llego el miércoles de la semana pasada y se fue el martes de ésta. La verdad es que creo que supimos aprovechar bastante bien el tiempo, de hecho hasta nos dio tiempo a pasearnos cual abuelos por el centro de la ciudad y por los parques de Ginebra.
En primer lugar, como manda la tradición, fuimos a la fondue del Bain de Pâquis, que por primera vez no nos hizo llenarnos hasta morir. De hecho, creo que César se quedó hasta con un poco de hambre :-S Pues vaya… No tenemos fotos porque se nos olvidó la cámara pero como os podréis imaginar, sería la típica con los hilos de queso colgando y los mofletes colorados del calor, así que no hace falta tenerla.
Al día siguiente nos quedamos en Ginebra porque tenía una pequeña sorpresilla para César por la noche. Durante el día estuvimos visitando la ciudad, el centro, la catedral, etc. y comimos al mediodía en Manor, un centro comercial tipo El Corte Inglés, pero que tiene en la última planta un restaurante con terraza y todo. Y como el tiempo lo permitía (sí! sol y calorcito!!) pues allá que nos fuimos, eso sí después de tener que luchar por una mesa con una vieja borde acaparadora. Comimos muy bien una pizza recién hecha a nuestro gusto, un plato variado de ensaladas y una tarta que estaba riquísima (mamá, te habría encantado: bizcocho finito con manzana, pistachos y nueces por encima). Y con tan buena suerte que se les olvidó cobrarnos la pizza. Es un autoservicio, coges lo que quieres y luego pagas en la caja. Y resulta que en lugar de cobrarnos una pizza que cuesta 15 francos nos cobraron un panecillo que cuesta 60 céntimos. En fin, nos supo mejor que nunca esa pizza.
Por la tarde no recuerdo muy bien lo que hicimos, seguir visitando la ciudad, me imagino. Y por la noche… la sorpresa: concierto de Yann Tiersen!! Es posible que muchos no lo conozcáis (de hecho yo tampoco si no fuera por César) pero es el compositor del vals de la banda sonora de Amélie. El concierto estuvo muy chulo y el sitio molaba un montón, tiene la apariencia de una casa ocupa pero no lo es. Era una antigua fábrica (de ahí su nombre: l’usine (fábrica en francés)) y ya os podéis imaginar los espacios tan grandes que tiene. Yo me imaginaba allí a Elsa lo contenta que estaría haciendo sus movidas y dando sus clases de baile. jijiji. Luego cenamos un kebab que nos costó 10 francazos (más de 6 euros) pero bueno, nos supo a gloria y después de todo, ya nos habíamos ahorrado bastante con la pizza del mediodía.

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El viernes por la mañana fuimos a recoger el coche que habíamos alquilado y al que bautizamos como Fifor y nos pusimos en marcha para recorrer el pequeño país suizo. Primera parada: Gruyères, muy bonito, perdido entre las montañas pero por desgracia el síndrome Gallardón también llegó hasta allí y estaba plagado de obras… una pena!
Luego nos dirigimos a Friburgo, donde nos hizo muy buen tiempo y salimos hasta sin abrigo:

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Como la ciudad es pequeñita la vimos en 2 o 3 horitas y listo calisto!! Seguimos con nuestro viaje. Próxima parada: Interlaken. Llegamos por la tarde por lo que teníamos pocas horas de luz por delante, así que decidimos quedarnos en la ciudad que era donde teníamos reservado el albergue. La ciudad es extraña, está en mitad de la nada, de las montañas nevadas, y tiene edificios enormes en un plaza-parque enorme y luego casitas como chalets. Eso es todo. Las vistas desde allí suelen ser muy bonitas e impresionantes pero por desgracia durante todo el viaje nos persiguió una neblina maldita que no nos dejaba ver bien las montañas.
Para dormir nos quedamos en Walters B&B. En cuanto encontramos la casa (porque era una casa auténtica) nos dio un poco de miedo al descubrir unas escaleras con moqueta roñosa y una especie de lobo disecado con una figura de una niña tipo Heidi. Así que justo cuando nos disponíamos retroceder sobre nuestros pasos literalmente e ir en busca de otro albergue, apareció el tal Walter y ya no hubo escapatoria posible. Me cachís!! jejeje. Pero las apariencias engañan y finalmente la habitación estaba genial, era enorme, toda nueva y limpita, con unos minitoblerone de regalo… Y el baño y la cocina lo compartíamos con una familia india que vivía en la habitación de al lado, y estaba todo súper limpio y nuevo.
Al día siguiente nos despedimos de nuestro querido Walter y nos dirigimos hacia Lauterbrunen y Grindenwald, otros pueblecitos perdidos por la montaña, prácticamente dedicados al esquí pero que tienen unas vistas increíbles. Aunque de nuevo, la neblina maldita nos impidió disfrutarlo en total plenitud.
[Me voy, luego continuo y pongo fotitos]
[Ya vuelvo a la carga!! y con más fotitos!!]
En cuanto al niño de Apu, era el hijo de Apu y Manyula, es decir la familia india que vivía en el albergue con nosotros. El niño tendría unos 4 años y era muy guapín pero estaba ligeramente endemoniado, o más bien gremlinizado. Se pasaba el día emitiendo chillidos extraños, por lo que César y yo dedujimos que realmente que el niño era un gremlin y ya se sabe que si les mojas o les das de comer después de las 11 la has cagao. Y claro, al niño le dieron un baño y luego de cenar así que ya imaginais la noche que nos dio la fierecilla, que nos despertó a las 6 de la mañana con sus grititos gremlínicos.
Y bueno, volviendo a nuestro viaje, nos encaminamos a Lucerna. Una ciudad, muy, muy bonita… con su río y sus ciudades de encanto. Tanto que parecían de postal. Y donde temimos por la integridad de nuestro querido Fifor porque lo dejamos abandonado de la mano de Dios en un sitio donde no sabíamos si podía aparcarse, y para colmo estaba en frente de la policía!!

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Después de encontrar a Fifor sano y salvo nos encaminamos hacia nuestro último destino turístico: Berna.
Otra ciudad bien bonita y con gran encanto. También pequeñita y por tanto, visitable en un par de horas. Además como se estaba haciendo de noche pues no nos daba para mucho más. Ni siquiera para ver los osos de la ciudad, que ya estaban dormiditos y me tuve que conformar con éste de piedra.

Y ya, pues de vuelta a casita, a Ginebra, donde vimos las últimas cosillas que nos faltaban, como el barrio de los organismos internacionales y su famosa silla tripata en recuerdo a las minas antipersonas.

También cenamos en Les Brasseurs, la típica flammenkuche y otras cositas (que conste, que no nos comimos todo esto nosotros solos, eh??)

Y c’est fini!!
Pese a que el mundo parecía haberse confabulado en nuestra contra (Interlaken con niebla, las cascadas de Lauterbrunen cerradas, los osos de Berna dormidos, Gruyères en obras, la ONU sin banderas, la fondue que no llena…) nos lo pasamos estupendamente!!